Con mis padres pasé un agradable fin de semana en las Termas de Quinamávida, a 300 kms. al sur de Santiago. Chapoteamos y jugamos felices en las calientes aguas termales, ocasión en la que estrené mi salvavida de la Armada de Chile (mi mamá siempre tan exagerada).


En el restaurant de las Termas aproveché de degustar un rico jugo de frambuesa. Primera vez en mi vida que probaba una bebida tan exótica así que de pura emoción me ensucié un poquito.

Después de nadar salimos a cabalgar con mi Papá en un lindo corcel llamado "Rufián". Que suerte que a pesar de mi corta edad soy una experta amazona y pude ayudar a mi Papá a controlar a las bestias.
En las frescas tardes campestres salíamos a pasear con mis padres por los alrededores del complejo termal. Yo aproveché de lucir mi nueva falda-short.